Cómo eliminar ácaros del colchón y dormir sin alergias

Cómo eliminar ácaros del colchón y dormir sin alergias

La forma más directa de empezar a eliminar los ácaros del colchón es con una limpieza profunda y constante. Esto pasa por aspirar con un filtro HEPA, lavar toda la ropa de cama a más de 60 °C y usar fundas protectoras antiácaros. Esta triple acción no solo ataca a los ácaros vivos, sino también a sus alérgenos, creando un entorno de descanso mucho más saludable.

Por qué tu colchón es el paraíso de los ácaros y cómo te afecta

Colchón blanco acolchado en primer plano, con un recuadro negro que muestra 'ÁCAROS EN COLCHÓN'.

Seamos sinceros: la idea de compartir cama con millones de bichitos invisibles es, como poco, desagradable. Pero antes de ponerte manos a la obra, es clave entender por qué tu colchón es su ecosistema perfecto. Los ácaros del polvo son arácnidos microscópicos que ni pican ni transmiten enfermedades, pero sus desechos son uno de los alérgenos más comunes que tenemos en casa.

El verdadero problema no son los ácaros en sí, sino unas proteínas que se encuentran en sus excrementos. Cuando estas partículas tan pequeñas acaban en el aire y las respiramos, o tocan nuestra piel, pueden provocar una reacción alérgica en personas sensibles.

Un ecosistema hecho a medida

Tu colchón es un auténtico hotel de cinco estrellas para los ácaros porque les da justo lo que necesitan para vivir y reproducirse a sus anchas. Si les quitas alguna de estas tres cosas, su ciclo de vida se rompe y la población baja en picado.

  • Comida a la carta: Se alimentan de las escamas de piel muerta que soltamos al dormir. Cada noche, sin darnos cuenta, les servimos un banquete.
  • Temperatura ideal: Nuestro calor corporal mantiene el colchón calentito y estable, perfecto para que críen.
  • Humedad constante: Con el sudor y hasta con nuestra propia respiración, generamos la humedad que necesitan para sobrevivir, ya que la absorben directamente del aire.

Este ambiente es tan ideal que las cifras asustan un poco. Hay estudios que dicen que el 90% de los colchones tienen ácaros, y que en uno solo puede haber hasta dos millones. Para que te hagas una idea, se alimentan de los casi 28 gramos de piel que perdemos cada mes. Si quieres saber más, te lo contamos en nuestro artículo sobre cuándo se acumulan las bacterias y los ácaros en tu colchón limpio.

El impacto real en tu salud y descanso

Estar expuesto a estos alérgenos no es solo una pequeña molestia. Puede afectar de verdad a tu calidad de vida y, sobre todo, a cómo descansas. Muchas veces, los síntomas se confunden con un resfriado que no se va o con alergias de temporada.

¿Te suena esto? Estornudos por la mañana, nariz taponada que no mejora, picor de ojos o de piel, tos seca... Incluso puede empeorar el asma o la dermatitis atópica.

Esta situación afecta directamente a la calidad de tu sueño. La congestión nasal te obliga a respirar por la boca, lo que puede provocar sequedad, ronquidos y pequeños despertares que te sacan del sueño profundo. El resultado es que te levantas con la sensación de no haber descansado nada, y eso se nota en tu energía y concentración durante el día.

Entender esta conexión es el primer paso para tomar el control. No se trata solo de limpiar, sino de convertir tu cama en un santuario de descanso de verdad.

Tu plan de acción para una limpieza profunda antiácaros

Ahora que sabes por qué tu colchón es un auténtico paraíso para los ácaros, toca ponerse manos a la obra. Vamos a dejar de lado los trucos de la abuela y a centrarnos en un plan de batalla serio que te devolverá el control de tu cama. Esto no es una simple lista de tareas, sino una estrategia completa para diezmar la población de ácaros y, sobre todo, sus alérgenos.

Lo primero, y quizá lo más efectivo que puedes hacer hoy mismo, es desnudar la cama por completo. Sábanas, fundas, edredón, protectores... todo directo a la lavadora, sin excepción.

Consejo clave: el ciclo de lavado debe ser a 60 °C o más. Esta es la temperatura mágica que no solo aniquila a los ácaros vivos, sino que también destruye sus huevos y neutraliza los alérgenos que nos causan tantos problemas. Un lavado con agua fría, lamentablemente, no sirve de mucho en esta lucha.

Si conviertes este lavado semanal en una rutina, ya tendrás media batalla ganada. Y mientras la lavadora se encarga de lo suyo, tu colchón queda expuesto y listo para el siguiente asalto.

El aspirado a fondo: tu mejor arma

Un buen aspirado es mucho más que una pasada rápida por encima. Aquí necesitas artillería pesada: una aspiradora potente, a ser posible con un filtro HEPA (High-Efficiency Particulate Air). ¿Por qué es tan importante? Porque este tipo de filtro es el único que de verdad atrapa las partículas microscópicas, como los excrementos de los ácaros, impidiendo que vuelvan al aire que respiras.

Tómate tu tiempo y aspira cada centímetro del colchón. No te olvides de las zonas críticas:

  • Costuras y bordes: Son auténticos nidos de polvo, piel muerta y, por supuesto, ácaros.
  • Botones y pliegues: Utiliza la boquilla estrecha para meterte en cada rincón. Es ahí donde se esconden.
  • Las dos caras del colchón: Si puedes darle la vuelta, no lo dudes. Aspira también la parte de abajo y los laterales.

Sin prisas. Un movimiento lento y metódico es infinitamente más eficaz. Piensa que estás eliminando físicamente tanto a los bichitos como su comida.

Bicarbonato y aceites esenciales: tus aliados naturales

Después del aspirado, vamos con un remedio casero que funciona de maravilla: el bicarbonato de sodio. No solo limpia, sino que es un campeón absorbiendo la humedad (el ambiente que adoran los ácaros) y neutralizando cualquier olor que se haya quedado en el tejido.

Cubre toda la superficie del colchón con una capa generosa y uniforme de bicarbonato. Un colador de cocina te puede ayudar a distribuirlo bien. Déjalo actuar un par de horas como mínimo; si puedes dejarlo toda la mañana, mucho mejor.

Para un extra de potencia, puedes añadir unas gotas de aceite esencial de árbol de té al bicarbonato antes de espolvorearlo. Este aceite es conocido por sus propiedades antimicrobianas y crea un entorno todavía más hostil para los ácaros. Cuando haya pasado el tiempo, simplemente vuelve a pasar la aspiradora a conciencia para retirarlo todo. Si quieres ver más sobre estos métodos, echa un vistazo a nuestros trucos para limpiar un colchón de forma efectiva.

El poder del vapor: desinfección al instante

Si buscas una solución de choque para eliminar los ácaros del colchón, la limpieza con vapor es tu mejor opción. El calor extremo del vapor los mata a ellos y a sus huevos al contacto. Es fulminante.

Utiliza una vaporeta o un limpiador de mano, pasando la boquilla a unos centímetros de la superficie. Muévela despacio, por franjas, asegurándote de cubrirlo todo pero sin llegar a empapar el colchón. La idea es aplicar calor con la mínima humedad posible.

Y esto es crucial: después del vapor, el colchón tiene que secarse por completo antes de volver a vestirlo. Abre las ventanas de par en par, pon un ventilador si es necesario... lo que haga falta. Recuerda que la humedad es su mejor amiga, así que un secado perfecto es innegociable.

Aquí tienes un resumen de los métodos de limpieza más comunes, su efectividad real contra los ácaros, el esfuerzo que requieren y la frecuencia recomendada.

Comparativa de métodos de limpieza antiácaros

Método de limpieza Efectividad Esfuerzo y coste Frecuencia ideal
Lavado a 60 °C Muy alta (elimina ácaros, huevos y alérgenos) Bajo (coste de la lavadora) Semanal (ropa de cama)
Aspirado con filtro HEPA Alta (elimina ácaros, piel muerta y excrementos) Medio (requiere tiempo y una buena aspiradora) Semanal o quincenal
Bicarbonato de sodio Media (absorbe humedad y olores, efecto limpiador) Bajo (muy económico y fácil de aplicar) Mensual
Limpieza con vapor Muy alta (mata ácaros y huevos al instante por calor) Alto (requiere una vaporeta y tiempo de secado) Cada 2-3 meses

Como ves, la clave está en combinar varios métodos. Un aspirado semanal y un tratamiento con vapor cada pocos meses mantendrán tu colchón en unas condiciones higiénicas óptimas.

Que los alérgenos te roben horas de sueño es un problema muy real. De hecho, más del 50% de los españoles duerme menos de 7 horas, y los ácaros sin duda pueden empeorar esta situación. Aunque es imposible acabar con el 100%, mantener a raya su población con una limpieza periódica marca una diferencia abismal en la calidad de tu descanso y de tu salud.

Estrategias de prevención para mantener los ácaros a raya

Haber completado una limpieza a fondo es una gran victoria, pero la guerra contra los ácaros se libra día a día. Eliminar la población que ya existe es solo la mitad del trabajo; la verdadera clave para un descanso saludable y sin alergias es crear un entorno donde, simplemente, no puedan volver a prosperar. La prevención es tu mejor estrategia a largo plazo.

El objetivo es sencillo: convertir tu cama en una fortaleza antiácaros. Esto pasa por levantar barreras físicas, controlar el ambiente de tu dormitorio y mantener una rutina de limpieza constante. No se trata de obsesionarse, sino de incorporar pequeños hábitos que, sumados, marcan una diferencia abismal.

La funda antiácaros: tu primera línea de defensa

Piensa en una funda antiácaros como el escudo protector de tu colchón. Es, sin duda, la inversión más inteligente que puedes hacer después de una buena limpieza. Estas fundas no son como un protector cualquiera; están diseñadas con un tejido especial de poro microscópico que impide físicamente que los ácaros y sus alérgenos pasen del colchón a tu ropa de cama y, finalmente, a ti.

Al elegir una, fíjate bien en estos tres puntos:

  • Tejido microporoso: Asegúrate de que la etiqueta especifique que bloquea partículas pequeñas. Esto garantiza que ni los ácaros ni sus excrementos puedan atravesarla.
  • Transpirabilidad: Una buena funda debe permitir que el aire circule para que el colchón respire y no acumule humedad. Materiales como el algodón o mezclas con Tencel son opciones excelentes.
  • Cierre total con cremallera: Busca fundas que envuelvan por completo el colchón (como un saco) y que tengan una cremallera con solapa de seguridad. Este pequeño detalle asegura que no queden huecos por donde puedan colarse.

Una funda de calidad no solo protege un colchón nuevo, sino que también aísla uno ya existente. Atrapa a los ácaros que queden dentro e impide que se alimenten y reproduzcan. Es como ponerlos en cuarentena de forma permanente.

Controla la humedad y la temperatura del dormitorio

Los ácaros necesitan un ambiente cálido y húmedo para sobrevivir, concretamente con niveles de humedad por encima del 50%. Si consigues mantener tu dormitorio por debajo de esa cifra, les estarás haciendo la vida imposible. Por suerte, no necesitas equipos complejos para lograrlo.

Un gesto tan simple como ventilar la habitación cada mañana durante 10 o 15 minutos es increíblemente eficaz. Al abrir las ventanas, renuevas el aire, reduces la temperatura y, lo más importante, disipas la humedad acumulada durante la noche por nuestra respiración y sudor.

Otro truco muy útil: deja la cama deshecha durante al menos una hora después de levantarte. Al retirar el edredón y las sábanas, permites que la humedad que ha absorbido el colchón se evapore por completo. Hacer la cama nada más salir de ella es como poner una tapa a una olla caliente, atrapando todo el calor y la humedad dentro.

Si vives en una zona especialmente húmeda, plantéate usar un deshumidificador. Mantener la humedad relativa del aire entre el 35% y el 50% crea un ambiente inhóspito para los ácaros y, de paso, previene la aparición de moho.

El siguiente gráfico resume visualmente las acciones clave para una limpieza efectiva, que son la base de cualquier buena estrategia de prevención.

Gráfico de barras comparando la efectividad de métodos para limpiar colchones: aspirar, bicarbonato y lavado a más de 60°C.

Como muestra la infografía, combinar el aspirado regular, el uso de bicarbonato y el lavado a altas temperaturas crea una rutina de mantenimiento muy sólida para mantener a raya a los ácaros.

La rutina de lavado, un ritual innegociable

La constancia aquí es fundamental. Los ácaros se reproducen muy rápido, así que una limpieza esporádica no sirve de mucho. La medida preventiva más poderosa, junto con la funda, es lavar toda tu ropa de cama una vez a la semana.

Esto incluye:

  • Sheets
  • Fundas de almohada
  • Funda del edredón o nórdico
  • El protector de colchón o la propia funda antiácaros (sigue las instrucciones del fabricante, pero generalmente se recomienda un lavado mensual o bimensual para esta última).

La temperatura del agua es el factor decisivo. Un lavado con agua fría o tibia no eliminará por completo los alérgenos. Tienes que seleccionar un ciclo de lavado a 60 °C como mínimo. Este calor es letal para los ácaros y sus huevos, garantizando que tu cama esté higiénicamente limpia cada semana.

Si tienes prendas delicadas que no soportan tanto calor, un ciclo de secado en secadora a alta temperatura durante al menos 15 minutos también puede ser una alternativa eficaz para neutralizar a estos intrusos microscópicos. Adoptar estas estrategias no solo te ayudará a eliminar los ácaros del colchón a largo plazo, sino que transformará tu dormitorio en un verdadero refugio para el descanso.

Cómo elegir un colchón que luche contra los ácaros por ti

Colchón hipoalergénico con diseño de franjas de colores verde, marrón y crema sobre suelo de madera.

Aunque limpiar a fondo es clave, la verdadera batalla contra los ácaros empieza mucho antes: en el momento de elegir tu colchón. No todos los materiales se comportan igual ante estos bichitos invisibles. Tu elección puede convertir tu cama en una zona de alto riesgo o, por el contrario, en una fortaleza casi inexpugnable que te facilitará muchísimo el trabajo.

La tecnología del descanso ha evolucionado una barbaridad, y hoy muchos colchones están diseñados pensando de lleno en la higiene y en mantener a raya los alérgenos. Y no hablo de un simple tratamiento superficial, sino de la propia estructura y composición del colchón.

La importancia de los materiales transpirables

Seamos claros: a los ácaros les encanta el calor y la humedad. Son su paraíso particular. Por eso, un colchón que gestione bien la temperatura y la ventilación es tu mayor aliado. Materiales como la viscoelástica tradicional, la de célula cerrada, tienden a atrapar el calor del cuerpo, creando justo ese ambiente cálido y húmedo que ellos buscan.

Aquí es donde los materiales de nueva generación marcan la diferencia. Por ejemplo, la viscoelástica de célula abierta, como la que usamos en los colchones Morfeo, está pensada para que el aire circule libremente por su interior. Este flujo de aire constante se lleva el calor y la humedad, manteniendo el colchón fresco y seco toda la noche.

Un núcleo transpirable no es un lujo, es una necesidad para un descanso higiénico. Al evitar que se acumule sudor y calor, no solo duermes más a gusto, sino que rompes de raíz el ciclo de vida de los ácaros, quitándoles las condiciones que necesitan para multiplicarse.

Los núcleos de espumación de alta resiliencia (HR) con diseños perfilados también están pensados para potenciar al máximo esa ventilación interna. Esta ingeniería inteligente crea canales por los que el aire puede moverse sin obstáculos, convirtiendo el interior de tu colchón en un auténtico desierto para los ácaros. Si quieres saber más sobre qué material te conviene, nuestra guía completa para elegir el colchón adecuado te puede echar una mano.

Tratamientos hipoalergénicos integrados

Más allá de que el colchón "respire", muchos tejidos modernos ya vienen con tratamientos hipoalergénicos integrados directamente en sus fibras. Estas tecnologías actúan como una barrera activa: repelen a los ácaros e impiden que crezcan bacterias y moho. No es un espray que se echa al final y desaparece con el tiempo, sino una propiedad del propio tejido que dura.

Al buscar colchón, fíjate en que tenga certificaciones que garanticen esa protección higiénica. Una de las más conocidas es la Oeko-Tex Standard 100, que te asegura que los textiles están libres de cualquier sustancia que pueda ser perjudicial para la salud.

Fundas desenfundables: la ventaja definitiva

La practicidad es fundamental para mantener el colchón a punto a largo plazo. Por eso, un colchón con una funda que puedas quitar y meter en la lavadora es una ventaja brutal en la guerra contra los ácaros. Esta característica, que antes era casi exclusiva de las gamas más altas, por suerte se está volviendo cada vez más común.

Poder lavar la funda exterior del colchón a 60 °C de vez en cuando te permite eliminar los ácaros y sus alérgenos de una forma directa y eficaz, algo que es sencillamente imposible en un colchón tradicional.

Asegúrate de que la cremallera sea de buena calidad y te permita quitar la funda sin tener que pelearte con ella. Este simple detalle convierte una limpieza profunda en una tarea de mantenimiento sencilla y al alcance de todos. La combinación de materiales transpirables, tratamientos específicos y una funda lavable es la fórmula ganadora para que tu colchón trabaje por ti, manteniendo a los ácaros a raya casi sin que te enteres.

Cuándo es momento de cambiar de colchón o buscar ayuda experta

Has seguido cada paso al pie de la letra. Has aspirado, lavado, ventilado… pero sigues despertándote con esa sensación de congestión o con picores en la piel. Hay que ser realistas: a veces, por mucho que nos empeñemos, los métodos caseros para **eliminar los ácaros del colchón** tienen un límite. Sobre todo si la infestación es seria o, sencillamente, el colchón ya ha dado todo lo que tenía que dar.

Llega un punto en el que toca ser honestos con nosotros mismos y valorar si esta lucha diaria merece la pena o si es el momento de tomar una decisión más drástica. No se trata de tirar la toalla, sino de hacer lo más inteligente para nuestra salud y, por supuesto, para la calidad de nuestro descanso a largo plazo.

Señales de que necesitas ayuda profesional

Antes de dar el colchón por perdido, plantéate una limpieza profesional. Puede ser una inversión muy inteligente, sobre todo si sufres de alergias severas o asma. Estas empresas no van con un aspirador normal; utilizan equipos industriales de extracción y tratamientos con luz ultravioleta C (UV-C) que aniquilan ácaros, bacterias y esporas de moho con una eficacia que es, sencillamente, imposible de igualar en casa.

Piensa en llamar a los expertos si te identificas con esto:

  • Los síntomas de alergia no desaparecen: A pesar de tu limpieza a fondo, sigues con estornudos, picor de ojos o problemas para respirar cada mañana.
  • El colchón ha estado expuesto a la humedad: Si has tenido una fuga de agua cerca o vives en un ambiente muy húmedo, es casi seguro que dentro se esconda moho además de ácaros.
  • Buscas una desinfección total: Quieres esa tranquilidad de saber que tu colchón ha sido higienizado a un nivel casi hospitalario. Algo clave si en casa hay personas con el sistema inmunitario debilitado.

Una buena limpieza profesional puede darle unos años más de vida a un colchón que estructuralmente aún esté bien, dándote un respiro y un lugar de descanso mucho más saludable.

¿Le ha llegado la hora a tu colchón?

Ahora bien, ninguna limpieza, por muy profesional que sea, puede hacer milagros con un colchón que ya está para el arrastre. Dormir en un colchón viejo no solo alimenta el problema de los ácaros, sino que, muy probablemente, esté destrozándote la espalda y la calidad del sueño.

Por una cuestión de higiene y de soporte, la vida útil recomendada de un colchón es de 8 a 10 años. Pasado ese tiempo, los materiales internos se degradan, pierden su firmeza y se convierten en un auténtico paraíso para ácaros, piel muerta y todo tipo de alérgenos.

Es el momento de pensar seriamente en un cambio si reconoces alguna de estas señales:

  • Deformaciones a la vista: Hay hundimientos evidentes donde duermes, bultos extraños o esa clásica "hamaca" en el centro. Si al tumbarte sientes que ruedas hacia el medio, es una bandera roja gigante.
  • Hace ruidos extraños: Si tu colchón de muelles cruje y gime con cada movimiento, es que su estructura interna ha dicho basta.
  • Manchas que no hay quien quite: Esas manchas amarillentas que no se van con nada suelen ser la prueba de años de acumulación de sudor. Un caldo de cultivo perfecto para ácaros y bacterias.
  • Te levantas peor de lo que te acuestas: Si el dolor de espalda, cuello o caderas es tu despertador cada mañana, tu colchón ya no te está dando el soporte que necesitas.
  • Duermes como un bebé... pero fuera de casa: ¿Notas que en los hoteles o en casa de un amigo descansas de maravilla? La señal es clarísima: el problema está en tu propia cama.

Renovar el colchón no es un gasto, es una de las mejores inversiones que puedes hacer en tu salud. Imagina la tranquilidad de empezar de cero sobre una superficie limpia, nueva y diseñada para mantener a los ácaros a raya desde el primer día. Por eso en Morfeo te damos 100 noches de prueba y 10 años de garantía, para que tu inversión en descanso sea totalmente segura y satisfactoria.

Resolvemos tus dudas: preguntas frecuentes sobre los ácaros

Llegados a este punto, es normal que aún te queden algunas preguntas en el tintero. No te preocupes, hemos recopilado las consultas más habituales para darte respuestas claras y directas. Queremos que tengas toda la información para rematar tu plan de acción y mantener, de una vez por todas, tu colchón libre de alérgenos.

¿Cada cuánto tiempo tengo que limpiar el colchón para que no haya ácaros?

Aquí la constancia es tu mejor aliada, sin duda. Para mantener a los ácaros a raya, lo ideal es que pases un aspirador con filtro HEPA a fondo cada una o dos semanas. Parece mucho, pero es un hábito sencillo que elimina su principal fuente de alimento (nuestras células muertas de la piel) y reduce su población de forma drástica.

Una limpieza más profunda, de las que incluyen bicarbonato o vapor, puedes dejarla para cada tres o seis meses. La clave es que integres el aspirado en tu rutina de limpieza habitual, igual que haces con el polvo de los muebles.

Una cosa que no es negociable: la ropa de cama hay que lavarla cada semana a 60 °C. Es la barrera más cercana a tu piel y donde se acumula la mayor parte de los alérgenos.

¿De verdad funcionan los espráis antiácaros?

Los espráis comerciales pueden ser un complemento, pero nunca deberían ser tu única estrategia. Piensa en ellos como un refuerzo. Lo que hacen es neutralizar los alérgenos de sus excrementos o directamente ser tóxicos para ellos. Su efecto es temporal, por lo que funcionan mejor justo después de haber hecho una buena limpieza.

Si prefieres algo más natural, puedes preparar tu propio espray en casa. Solo tienes que mezclar agua con unas gotas de aceite esencial de árbol de té, eucalipto o lavanda, que son conocidos por sus propiedades acaricidas. Pulveriza una bruma fina sobre el colchón (sin empaparlo) y deja que se seque por completo al aire.

¿Todos los colchones son un imán para los ácaros?

Para nada. El material y cómo está construido el colchón marcan una diferencia abismal. Los colchones de muelles de toda la vida, con esas grandes cámaras de aire en su interior, son básicamente un hotel de cinco estrellas para el polvo y los ácaros.

En cambio, los colchones más modernos, como los de viscoelástica de célula abierta o las espumaciones de alta resiliencia (HR) —como los que usamos en Morfeo—, tienen una estructura mucho más compacta y transpirable. Esta arquitectura se lo pone muy difícil a los ácaros para anidar y, además, ayuda a que la humedad no se acumule. Vamos, que les creas un ambiente donde no les apetece nada vivir. Los de látex natural también son una opción fantástica por sus propiedades antimicrobianas.

¿Qué es más efectivo: el sol o el vapor?

Ambos métodos son muy potentes, pero funcionan de forma distinta y cada uno tiene lo suyo.

  • El sol: La luz ultravioleta es un desinfectante natural increíble, y el calor seco ayuda a eliminar cualquier resto de humedad. Es una opción gratuita y muy eficaz, pero claro, dependes del buen tiempo y de tener la logística para sacar el colchón fuera.
  • El vapor: La limpieza a vapor usa calor húmedo a temperaturas muy altas, matando ácaros y huevos al instante. Es más rápido, puedes hacerlo cuando quieras sin mirar al cielo, pero necesitas la máquina adecuada y ser muy, muy cuidadoso con el secado posterior para no generar humedades.

Lo ideal, si puedes, es combinar ambos. Sacar el colchón al sol un par de veces al año y usar el vapor como tratamiento de choque te dará los mejores resultados.

¿Y la almohada? ¿Cuándo hay que cambiarla?

A menudo nos obsesionamos con el colchón y nos olvidamos por completo de la almohada. ¡Error! Es un foco de ácaros incluso más concentrado, porque está pegada a nuestra cara toda la noche. Por pura higiene, una almohada debería cambiarse cada uno o dos años.

Con el tiempo, acumula una cantidad tremenda de piel muerta, sudor y, claro, ácaros. Igual que con el colchón, elegir almohadas con fundas que se puedan lavar y materiales hipoalergénicos te ayudará a mantener un entorno de descanso mucho más saludable.


En Morfeo, sabemos que un buen descanso no es solo cuestión de confort, empieza por la higiene. Por eso diseñamos nuestros colchones con materiales de última generación, transpirables e hipoalergénicos, creando un entorno hostil para los ácaros desde el primer día. Descubre cómo la ciencia del descanso puede transformar tus noches en https://www.morfeo.com.

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