Cómo dormir con dolor lumbar y despertar sin molestias
Condividi
Saber cómo dormir con dolor lumbar es mucho más que encontrar una postura cómoda y ya. La clave está en mantener la columna vertebral bien alineada y quitarle presión a esa zona que tanto nos molesta. Las estrategias más efectivas pasan por dormir de lado con una almohada entre las rodillas o boca arriba con un soporte bajo las piernas, siempre sobre un colchón de firmeza media-alta que evite que nos hundamos.
¿Por qué el dolor lumbar ataca por la noche?
Si notas que tu dolor de espalda se agudiza justo cuando te metes en la cama, no es casualidad. Durante el día, nuestros músculos están activos, trabajando para sujetar la columna. Pero al acostarnos, esa responsabilidad recae casi por completo en las estructuras pasivas, como los discos intervertebrales y los ligamentos. Y ahí es donde empiezan los problemas.
Un colchón demasiado blando o una postura incorrecta hacen que la columna pierda su alineación natural. Esto crea puntos de presión que pueden irritar los nervios y tensar los músculos durante horas. Al final, la cama se convierte en una fuente de dolor en lugar de ser un refugio para el alivio.
La sensación de que el dolor empeora al acostarse
Esa percepción de que el dolor se intensifica por la noche tiene varias explicaciones. Por un lado, sin las distracciones del día, nuestro cerebro se centra mucho más en las señales de dolor que envía el cuerpo. Por otro, la inmovilidad prolongada puede provocar rigidez en los músculos y articulaciones, sobre todo si ya hay alguna inflamación.
Además, algunas condiciones médicas específicas tienden a empeorar con el reposo:
- Hernias discales: Ciertas posturas tumbadas pueden aumentar la presión sobre el disco afectado.
- Artrosis facetaria: Las pequeñas articulaciones de la columna se irritan si no se mantienen en una posición neutra.
- Tensión muscular crónica: Los músculos que han estado sobrecargados durante el día no consiguen relajarse del todo si adoptamos una mala postura al dormir.
El dolor lumbar no es solo una molestia individual; es un problema de salud pública de primer orden. En España, de hecho, es la causa más frecuente de dolor crónico y arruina el descanso de millones de personas cada noche.
El impacto de esta situación es enorme. Según el Barómetro del dolor crónico asociado a la lumbalgia, esta patología es la causa más común de dolor crónico en nuestro país, con una prevalencia del 58,1% entre los afectados. Esto se traduce en millones de personas dando vueltas en la cama, luchando por encontrar una posición que les permita descansar de verdad.
Entender por qué duele es el primer paso para encontrar soluciones que funcionen. No se trata solo de aguantar, sino de crear un entorno de descanso que ayude activamente a que tu espalda se recupere.
Las posturas correctas para proteger tu espalda
Dar con la postura ideal para dormir cuando tienes dolor lumbar no es un capricho, es una necesidad vital para la salud de tu columna. La forma en que te colocas puede ser la diferencia entre levantarte con alivio o empezar el día peor que cuando te acostaste. La clave de todo esto es mantener la alineación natural de la columna, minimizando cualquier tensión o presión en la zona lumbar.
Vamos a ver qué posturas funcionan de verdad, esas que los expertos siempre recomiendan para cuidar tu espalda mientras descansas. No son trucos de magia, sino pura ergonomía aplicada a tus horas de sueño.
Dormir de lado: la opción más recomendada
Para la gran mayoría de personas que sufren de lumbalgia, dormir de lado es la posición estrella. Eso sí, para hacerlo bien hay que aplicar un pequeño ajuste que lo cambia todo. El secreto está en colocar una almohada firme, pero no demasiado gorda, entre las rodillas.
Este gesto tan simple tiene un objetivo muy claro: evitar que la pierna de arriba caiga hacia delante y provoque una rotación en la pelvis. Al conseguir que las caderas, la pelvis y la columna queden alineadas, eliminas una de las principales causas de torsión lumbar durante la noche.
- Paso a paso: Túmbate de lado. Dobla un poco las rodillas, como si estuvieras en posición fetal pero de forma mucho más relajada.
- El truco: Pon la almohada entre las rodillas. Si ves que es necesario para mantener el paralelismo, asegúrate de que cubre desde la rodilla hasta el tobillo.
- El resultado: Esta alineación neutraliza la presión en la espalda baja y el nervio ciático, permitiendo que los músculos se relajen de verdad.
Este pequeño cambio en tu rutina puede tener un impacto enorme. Si quieres saber más sobre cómo perfeccionar tu posición, te recomendamos echar un vistazo a nuestro artículo sobre cómo mejorar la postura al dormir para un descanso óptimo.
Dormir boca arriba: la alternativa eficaz
Si eres de los que prefiere dormir boca arriba, también hay una manera de que esta postura juegue a favor de tu espalda. Al dormir en posición supina, el peso del cuerpo se distribuye de manera uniforme, lo que de por sí ya reduce los puntos de presión.
El único "pero" es que esta postura puede acentuar la curva natural de la zona lumbar, generando tensión. La solución es muy sencilla: coloca una almohada pequeña o una toalla enrollada justo debajo de las rodillas.
Al elevar ligeramente las piernas, la curva lumbar se aplana y se libera toda la tensión acumulada en la parte baja de la espalda. Es un ajuste que relaja la zona de forma casi instantánea.
Esto permite que tu columna descanse en una posición mucho más neutra y con el soporte adecuado. No te olvides de que tu almohada principal no sea demasiado alta; tu cuello y tu espalda deben formar una línea recta.
Este diagrama lo deja muy claro: una mala postura genera presión, y esa presión se convierte en dolor.

La imagen demuestra que romper este ciclo es tan simple como corregir la postura inicial para evitar esa presión que lo desencadena todo.
La postura que debes evitar a toda costa: dormir boca abajo
Aquí no hay discusión posible. Dormir boca abajo es la peor posición para casi todo el mundo, pero es especialmente dañina si tienes dolor lumbar. Esta postura obliga a tu columna a adoptar una posición forzada y completamente antinatural.
Al aplanar la curva lumbar de esta manera, ejerces una presión tremenda sobre los músculos y ligamentos. Por si fuera poco, para poder respirar tienes que girar el cuello hacia un lado durante horas, lo que crea una torsión que va desde las cervicales hasta la zona lumbar.
¿Por qué es tan perjudicial?
- Pérdida de la curva lumbar: Anula la alineación natural de tu espalda.
- Tensión en el cuello: Mantener la cabeza girada desalinea toda la columna vertebral.
- Presión en los discos: Aumenta la carga sobre los discos intervertebrales, lo que puede agravar problemas que ya tengas.
Si estás acostumbrado a esta postura, sabemos que cambiar el hábito es un reto. Un buen truco es empezar la noche de lado y rodearte de almohadas para que te sirvan de "barrera" y te impidan girarte de forma inconsciente.
El arte de moverse en la cama sin dolor
Hasta un gesto tan simple como darte la vuelta en la cama puede provocar una punzada de dolor si no lo haces bien. El error más común es girar primero el torso, lo que crea una torsión lumbar muy dolorosa.
Para moverte sin forzar la espalda, tienes que practicar el "giro de tronco".
- Paso 1: Contrae ligeramente los músculos del abdomen.
- Paso 2: Lleva las rodillas hacia el pecho.
- Paso 3: Gira todo el cuerpo en bloque, moviendo hombros, caderas y rodillas a la vez.
Este método mantiene la columna recta y protegida, evitando esos movimientos bruscos que pueden despertar el dolor justo cuando intentabas encontrar una postura más cómoda. Con un poco de práctica, este movimiento se convertirá en un hábito que te protegerá mientras duermes.
El papel fundamental de tu colchón y almohada

Tu cama debería ser un santuario de recuperación, no una fuente de dolor. Si te levantas con más rigidez y molestias que cuando te acostaste, es muy probable que tu colchón y tu almohada estén jugando en tu contra. Son la base de tu descanso, y un mal soporte puede sabotear cualquier esfuerzo por alinear la columna durante la noche.
Imagina tu colchón como los cimientos de tu salud postural nocturna. Si esos cimientos son inestables, están hundidos o son demasiado blandos, tu columna se deforma en posturas forzadas que generan tensión muscular y una presión innecesaria sobre los discos.
La firmeza del colchón: un punto no negociable
Cuando hablamos de cómo dormir con dolor lumbar, la palabra clave es soporte. Un colchón excesivamente blando, por muy acogedor que parezca al principio, es una trampa. Tu cuerpo, sobre todo la zona de la pelvis y las caderas, se hundirá más que el resto, creando una postura similar a una hamaca que desalinea la columna por completo.
Pero ojo, tampoco te vayas al otro extremo. Un colchón duro como una tabla no es la solución. Una superficie demasiado firme crea puntos de presión dolorosos en hombros y caderas, impidiendo que tu columna mantenga su curvatura natural.
La evidencia apunta a un punto intermedio. Un colchón de firmeza media-alta ofrece el equilibrio perfecto: es lo bastante firme para sostener la columna y mantenerla alineada, pero tiene la capa de confort necesaria para adaptarse a las curvas del cuerpo y aliviar la presión.
Esta firmeza es vital para evitar que la zona lumbar se arquee de forma antinatural, permitiendo que los músculos de la espalda por fin se relajen durante la noche.
Materiales que trabajan a favor de tu espalda
No todos los colchones de firmeza media-alta son iguales. Los materiales marcan una diferencia enorme en cómo se distribuye el peso y se alivia la presión.
- Viscoelástica de alta densidad: Es famosa por su capacidad de adaptarse al contorno del cuerpo sin perder soporte. Distribuye tu peso de manera uniforme, eliminando los puntos de presión y proporcionando esa sensación de "abrazo" que ayuda a relajar toda la musculatura.
- Colchones híbridos: Son una de las opciones más recomendadas hoy en día. Combinan un núcleo de muelles ensacados (que dan un soporte robusto y una transpirabilidad excelente) con capas superiores de viscoelástica o látex. Te llevas lo mejor de ambos mundos: el soporte profundo de los muelles y el confort adaptable de las espumas.
En España, el dolor lumbar es un problema que altera el sueño de millones de personas. Según la Encuesta de Salud del INE, un alarmante 19,8 % de la población sufre lumbalgia crónica. Aunque adoptar buenas posturas ayuda, la base de un descanso reparador está en un colchón con el soporte adecuado. De hecho, en Morfeo basamos nuestra ciencia del sueño en modelos híbridos que proporcionan esa firmeza media-alta ideal para alinear la columna y reducir el calor corporal, atacando directamente las causas que agravan el dolor.
Antes de seguir, echa un vistazo a esta tabla para ver qué material se adapta mejor a lo que buscas.
Comparativa de materiales de colchón para dolor lumbar
| Tipo de material | Nivel de soporte | Riduzione della pressione | Ideal para... |
|---|---|---|---|
| Viscoelastico | Medio a Alto | Eccellente | Personas que buscan máxima adaptabilidad y alivio de presión. |
| Lattice | Medio a Alto | Muy bueno | Quienes prefieren una sensación más elástica y un material natural. |
| Muelles ensacados | Alto | Bueno | Personas que necesitan un soporte firme y una gran transpirabilidad. |
| Ibrido | Alto a Muy Alto | Eccellente | Quienes quieren el equilibrio perfecto entre soporte, adaptabilidad y frescor. |
Como ves, los colchones híbridos suelen ofrecer la solución más completa, combinando las ventajas de diferentes materiales para dar una respuesta integral al dolor de espalda.
¿Cuándo es el momento de cambiar tu colchón?
Un colchón no dura para siempre. Con el tiempo, los materiales se degradan, el soporte disminuye y aparecen los temidos hundimientos. Si tu colchón tiene más de 8-10 años o notas alguna de estas señales, es hora de jubilarlo:
- Hundimiento visible: ¿Ves un "valle" en la zona donde duermes? Es una señal inequívoca de que ha perdido su soporte.
- Te despiertas con dolor: Si te acuestas bien pero te levantas rígido o dolorido, el colchón es el principal sospechoso.
- Duermes mejor fuera de casa: ¿Descansas de maravilla en hoteles u otras camas? Tu colchón te está enviando un mensaje muy claro.
Para profundizar en este tema, nuestra guía sobre cómo elegir el mejor colchón para el dolor de espalda te ofrece todos los detalles que necesitas para tomar la decisión correcta.
La almohada: el complemento indispensable
No subestimes el poder de la almohada. Es tan importante como el colchón, ya que se encarga de alinear la parte superior de la columna: las cervicales. Una mala almohada crea una cadena de tensión que puede llegar hasta la zona lumbar. Su elección depende directamente de tu postura al dormir.
- Si duermes de lado: Necesitas una almohada de grosor medio-alto que rellene perfectamente el hueco entre tu oreja y el hombro. El objetivo es que la cabeza y el cuello queden en línea recta con el resto de la columna.
- Si duermes boca arriba: La almohada debe ser más baja y de firmeza media. Una demasiado alta forzaría tu cuello hacia delante, creando una curva antinatural que repercute en toda la espalda.
Invertir en un buen colchón y una almohada adecuada no es un gasto, es una inversión directa en tu salud y bienestar. Es la pieza clave para transformar tus noches y despertar sintiéndote renovado y sin dolor.
Prepara tu cuerpo para un descanso sin dolor
Lo que haces en la hora antes de meterte en la cama puede cambiar por completo la calidad de tu sueño, sobre todo cuando el dolor lumbar es tu compañero de noche. No se trata solo de apagar la luz y cruzar los dedos. Crear una pequeña rutina nocturna, pensada para relajar la espalda, es la diferencia entre dar vueltas en la cama y despertarte sintiéndote realmente reparado.
Piensa en esta preparación como una transición. Le estás enviando señales claras a tu cuerpo: es hora de soltar la tensión del día. Unos pocos minutos dedicados a mimar tu espalda pueden ser la clave para evitar esa rigidez matutina y empezar el día con alivio, no con dolor.
Estiramientos suaves para liberar la tensión lumbar
Antes de acostarte, tómate cinco o diez minutos para algunos estiramientos muy, muy suaves. Aquí el objetivo no es convertirte en un contorsionista, sino simplemente liberar la tensión acumulada en los músculos lumbares y pélvicos.
Puedes hacerlos directamente en la cama o sobre una alfombra, lo que te resulte más cómodo:
- Rodillas al pecho: Túmbate boca arriba y, sin prisas, lleva una rodilla hacia el pecho, sujetándola con las manos. Aguanta ahí unos 20-30 segundos, sintiendo cómo se estira suavemente la zona lumbar y el glúteo. Repite con la otra pierna y, si te sientes cómodo, prueba con ambas a la vez.
- Rotación suave de columna: En la misma posición, con las rodillas flexionadas y los pies en la cama, deja caer las dos rodillas juntas hacia un lado. Intenta que los hombros no se separen de la cama. Mantén la postura unos 20 segundos y cambia al otro lado. Es un movimiento fantástico para movilizar la columna sin riesgo.

La palabra clave aquí es suavidad. Jamás debes sentir un dolor agudo o punzante. Si algo te molesta, para. La constancia diaria es mucho más efectiva que la intensidad.
El poder del calor para relajar los músculos
El calor es un aliado increíble para calmar los músculos tensos justo antes de dormir. Algo tan sencillo como una ducha caliente o aplicar una bolsa de agua o una almohadilla térmica en la zona lumbar durante 15-20 minutos puede hacer maravillas.
El calor aumenta el flujo sanguíneo, lo que ayuda a que las fibras musculares contraídas se relajen y se reduzca esa sensación de rigidez. Verás cómo este simple gesto puede disminuir el dolor y hacer que encontrar una postura cómoda sea mucho más fácil.
Un baño caliente no solo relaja los músculos, sino que también ayuda a regular la temperatura corporal para inducir el sueño. Es una técnica que prepara tanto el cuerpo como la mente para el descanso.
La técnica correcta para entrar y salir de la cama
Este es uno de esos momentos críticos que casi nadie tiene en cuenta: el simple acto de meterse y levantarse de la cama. Un movimiento brusco aquí puede desencadenar un espasmo y tirar por la borda todo tu esfuerzo.
La técnica correcta es la que se conoce como el "giro de tronco" o "log roll". Es muy sencilla:
- Para acostarte: Siéntate en el borde de la cama. Déjate caer de lado mientras, a la vez, subes las piernas. Usa los brazos para ayudarte a bajar el torso. Una vez de lado, ya puedes rodar sobre la espalda si lo prefieres.
- Para levantarte: Justo al revés. Desde tu posición (idealmente de lado), empuja con los brazos para levantar el torso mientras dejas caer las piernas por el borde hasta quedar sentado.
Este método mantiene tu columna recta como un bloque, evitando cualquier torsión que pueda dañar la zona lumbar. Practícalo hasta que te salga solo, ¡tu espalda te lo agradecerá!
Gestionar el dolor es un proceso que va más allá de lo físico. No podemos olvidar la importancia de la salud mental, ya que juega un papel crucial en cómo percibimos y manejamos el dolor, afectando directamente a la calidad del sueño. Cuidar la mente es tan vital como cuidar el cuerpo, por eso, incluir en tu rutina nocturna momentos de calma, como leer o meditar, también puede ayudar a reducir esa sensación de dolor.
Cuándo es momento de consultar a un profesional
Aunque los consejos sobre cómo dormir con dolor lumbar son mano de santo para las típicas molestias musculares, es fundamental saber cuándo un dolor deja de ser "normal" y se convierte en una señal de alarma.
No es cuestión de asustarse a la primera, pero sí de ser proactivo. Ignorar ciertos síntomas puede hacer que un problema que tenía fácil solución se convierta en una condición crónica, y eso es justo lo que queremos evitar a toda costa. Tu cuerpo es sabio y suele enviar avisos bastante claros de que algo más serio podría estar pasando.
Señales de alerta que no debes ignorar
Si tu dolor de espalda viene acompañado de alguno de estos síntomas, es el momento de coger el teléfono y pedir cita con tu médico o fisioterapeuta. Presta especial atención si experimentas:
- Dolor que se irradia: ¿El dolor no se queda en la zona lumbar y baja por una o ambas piernas, sobre todo más allá de la rodilla? Esto podría ser un indicio de una compresión nerviosa, como la famosa ciática.
- Debilidad o adormecimiento: Sentir hormigueo, debilidad o que se te duermen las piernas, los pies o la zona de la ingle no es algo que debas pasar por alto. Requiere una valoración profesional cuanto antes.
- Dolor que no mejora, o incluso empeora: Llevas un par de semanas probando a cambiar de postura, has ajustado el colchón y haces estiramientos suaves, pero el dolor sigue ahí o va a más. Es una señal inequívoca de que necesitas ayuda.
- Síntomas generales: Si junto al dolor lumbar aparece fiebre, escalofríos o una pérdida de peso que no puedes explicar, podría ser síntoma de una infección o de otro problema de fondo más importante.
No hacer caso a estas señales puede llevar a la cronificación del dolor, un problema con un impacto brutal. De hecho, en España, se estima que hasta uno de cada cinco casos de lumbalgia aguda mal gestionada se vuelve crónico, afectando seriamente a la calidad de vida.
El coste de no actuar a tiempo es tremendo. La lumbalgia es la principal causa de incapacidad en personas menores de 45 años y genera más de 50 millones de jornadas laborales perdidas cada año en nuestro país.
El valor de un diagnóstico correcto
Acudir a un profesional no solo sirve para ponerle nombre y apellido a lo que te pasa. Lo más importante es que podrán diseñar un plan de tratamiento a tu medida.
Este plan podría incluir ejercicios específicos o, en muchos casos, sesiones de terapia física con seguro médico, por lo que no está de más que sepas cómo funciona la cobertura para estos tratamientos.
Además, un diagnóstico preciso ayuda a identificar otros problemas posturales que quizás estén echando leña al fuego. Por ejemplo, en nuestro blog tenemos una guía muy completa sobre cómo corregir la cifosis durmiendo, que puede ser un complemento perfecto a tu tratamiento.
No lo dudes: buscar ayuda es el paso más importante para una recuperación completa y para volver a disfrutar de noches sin dolor.
Resolvemos tus dudas: preguntas frecuentes sobre dolor lumbar y descanso
Incluso con toda la información y poniendo de tu parte, es normal que surjan preguntas al intentar cambiar de hábitos para dormir sin dolor. Esta sección va directa al grano para responder a esas dudas que seguro te están rondando la cabeza.
Aquí vamos a aclarar las consultas más comunes, reforzando las ideas clave de esta guía para que tengas todo a mano y puedas, por fin, descansar como te mereces.
¿Qué firmeza de colchón es la mejor si tengo dolor lumbar?
Esta es, sin duda, la pregunta del millón. Durante años hemos oído el mito de que para la espalda, un colchón "cuanto más duro, mejor". Pero la ciencia del descanso ya ha desmontado esa idea. Un colchón que es una tabla crea puntos de presión muy molestos en hombros y caderas, impidiendo que la columna mantenga su curva natural.
Y ojo, porque uno demasiado blando es todavía peor. Es el responsable del temido "efecto hamaca", donde la pelvis se hunde más que el resto del cuerpo, desalineando por completo la espalda y generando una tensión brutal en la zona lumbar.
La respuesta correcta, y en la que coinciden casi todos los expertos, es una firmeza media-alta. Este equilibrio te da el soporte que necesitas para mantener la columna recta, pero con una capa de confort que se amolda a tus curvas y alivia la presión. Es la combinación perfecta entre sostén y comodidad.
Materiales como la viscoelástica de alta densidad o los colchones híbridos suelen clavar este nivel de firmeza.
¿Es mejor aplicar frío o calor antes de dormir?
La elección entre frío y calor no es un capricho, depende totalmente del tipo de dolor que tengas. No son intercambiables; cada uno tiene su momento y es clave saber cuál usar.
- Ponte calor si tu dolor es muscular y crónico. ¿Sientes la espalda tensa, rígida, como sobrecargada después de un día largo? El calor es tu mejor aliado. Una bolsa de agua caliente o una manta eléctrica durante 15-20 minutos antes de acostarte relajará los músculos, mejorará la circulación y aliviará esa rigidez.
- Usa frío si el dolor es agudo y hay inflamación. Si te has dado un tirón, tienes una lesión reciente o notas la zona hinchada y con un dolor punzante, el frío es la solución. Una compresa fría o hielo envuelto en una toalla, aplicado en intervalos de 15 minutos, ayuda a desinflamar y a "anestesiar" ese dolor agudo.
En resumen: para la tensión diaria antes de dormir, el calor casi siempre gana.
¿Qué hago si me despierto con dolor en mitad de la noche?
Despertarse por un pinchazo de dolor es de lo más frustrante. Lo primero es mantener la calma y no hacer movimientos bruscos que lo empeoren todo. La clave está en moverse despacio y con control.
- Gira en bloque. Para cambiar de postura, no retuerzas el cuerpo. Aprieta el abdomen y mueve hombros, caderas y rodillas a la vez, como si fueras un tronco. Así proteges la zona lumbar.
- Haz un estiramiento suave. Sin levantarte, prueba a llevar una rodilla hacia el pecho, muy despacio. Mantén la posición unos segundos. A veces, este simple gesto libera la tensión al instante.
- Si no se pasa, levántate correctamente. Usa la misma técnica de giro en bloque para sentarte en el borde de la cama. Ponte de pie y camina un poco por la habitación. Unos pocos pasos suelen ser suficientes para que los músculos se "reseteen".
¿Dormir en el suelo puede ayudar con el dolor de espalda?
Es una creencia bastante extendida: dormir en una superficie dura como el suelo puede "enderezar" la espalda. Aunque a algunas personas les puede dar un alivio temporal, para la mayoría no es una solución recomendable a largo plazo.
Una superficie totalmente rígida no permite que tus hombros y caderas se hundan lo más mínimo, algo necesario para que la columna mantenga su alineación. Al final, puedes acabar creando nuevos puntos de presión y levantándote con más rigidez.
Un colchón de firmeza media-alta está diseñado justo para eso: ofrecer un soporte firme sin ser inflexible, adaptándose a la ergonomía de tu cuerpo de una forma que el suelo, simplemente, no puede.
¿Cada cuánto debería cambiar las almohadas de apoyo?
Las almohadas que usas para colocar entre las rodillas o debajo de las piernas son tan cruciales como la de tu cabeza. Con el uso, pierden su forma, su firmeza y su capacidad para darte el soporte que necesitas.
Una buena regla general es revisarlas cada 18-24 meses. Si notas que la almohada se aplasta con facilidad y ya no recupera su forma, o si tienes que doblarla para sentir el mismo apoyo que antes, es una señal inequívoca de que ha llegado el momento de jubilarla. Invertir en buenas almohadas de apoyo es invertir en mantener tu espalda alineada noche tras noche.
En Morfeo, entendemos que un descanso reparador es la base de todo. Si buscas esa combinación perfecta de soporte y confort para aliviar tu dolor lumbar, te invitamos a descubrir nuestra gama de colchones híbridos. Están diseñados con la ciencia del sueño en mente para ofrecer la firmeza media-alta que tu espalda necesita para recuperarse de verdad cada noche.
Explora nuestros colchones y encuentra tu descanso ideal en morfeo.com